Hola, soy Jessica.

Quiero darte la bienvenida a este espacio que he decidido llamar “Detrás de mi cámara”. Aquí compartiré mis reflexiones sobre maternidad y fotografía.


Quiero aprovechar esta primera entrada para presentarme y contarte un poquito de mi historia.
La fotografía me acompaña desde que era niña. Recuerdo que mis padres me regalaron mi primera cámara y, desde ese momento, siempre había una conmigo. Fotografiaba todo aquello que formaba parte de mi vida, todo lo que de alguna forma quería guardar para siempre.


Durante muchos años fotografié en automático. No fue hasta bastante tiempo después cuando sentí curiosidad por aprender la parte más técnica de la fotografía. Poco a poco, a base de ensayo y error, y de forma autodidacta gracias a tantos fotógrafos que compartían sus conocimientos en internet, fui descubriendo cómo funcionaba realmente una cámara y cómo conseguir que mis fotografías se parecieran cada vez más a lo que imaginaba.
Estudié Logopedia y durante diez años tuve la suerte de acompañar a muchísimos niños y a sus familias en sus procesos. La fotografía seguía estando presente en mi vida pero ocupaba un segundo plano.
Por aquel entonces estaba en una búsqueda constante por mejorar. Quería aprender más, tener una cámara mejor y conseguir aquello que pensaba que era el objetivo: la fotografía perfecta.
Pero todo cambió cuando me quedé embarazada de mi primer hijo.

Busqué una cámara que me permitiera hacer buenas fotografías pero que también fuera ligera y pudiera llevar siempre conmigo. Quería capturar esos pequeños momentos que no esperan a que preparemos la luz perfecta ni hagamos los ajustes adecuados.
Sin darme cuenta, poco a poco fui acercándome a una forma más documental de entender la fotografía. Una mirada más centrada en conservar lo que ocurre, tal y como es. Lo que nunca cambió fue algo muy sencillo: yo siempre llevaba una cámara conmigo.
Mi segunda maternidad trajo consigo un gran cambio en mi camino. Un problema de salud hizo que, después de diez años acompañando a niños y familias desde la logopedia, tuviera que cerrar esa etapa profesional.
Fue entonces cuando decidí dar una oportunidad a la fotografía y convertir esa pasión que siempre me había acompañado en mi trabajo.


Empecé este pequeño proyecto con muchísimo por aprender, pero con una certeza: quería que la fotografía dejara de estar en un segundo plano.
Durante mucho tiempo me acompañó un gran síndrome del impostor. Me costaba verme como fotógrafa; mi identidad seguía estando muy ligada a la logopedia. Eso me llevó a formarme mucho, a aprender y a buscar mi propia manera de mirar. Me especialicé en fotografía familiar respetuosa, donde esa mirada más documental que había descubierto al convertirme en madre se convirtió en el centro de mi trabajo.
Hoy soy mamá de tres hijos y disfruto muchísimo acompañando a familias en diferentes etapas de su vida. Me emociona poder conservar sus historias, sus vínculos y esos pequeños gestos que hacen que cada familia sea única.


En este espacio seguiré compartiendo mi trabajo, mis aprendizajes y todas esas reflexiones que nacen detrás de cada sesión.
Sigo llevando una cámara siempre conmigo y aunque ahora es el centro de mi trabajo, sigue ayudándome a mirar la vida más despacio y a conservar todo aquello que no quiero olvidar.


Gracias por acompañarme en este camino.
Jessica